viernes, abril 20, 2012
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martes, abril 17, 2012
lunes, febrero 06, 2012
Y un día volví a escribir...
Desdibujando la persiana.
Sombras sobre el costado
de tu espalda transpirada.
Cámara.
Desnudarse para adentro,
viajar de memoria por primera vez.
Acción.
Una mano te recorre,
mi mano,
las manos,
cuatro manos,
todas nuestras manos.
Corte.
miércoles, agosto 13, 2008
Borges.-
Y yo escribí esto. Al final nunca participé del concurso, y de hecho no recordaba este texto.
Lo encontré en una carpeta recóndita de la pc del laburo.
Un laberinto jamás había sido más que un largo paseo para él. Después de tantas aventuras, matar dragones era parte de su personalidad temeraria, y había servido durante estos años para vivir cómodamente, y hasta le permitió también, acurrucarse en los brazos de alguna que otra princesa.
Ésta última misión, consistía en adentrarse al Bosque Ikhero, recorrer el laberinto, matar al dragón, y regresar con la prueba de dicho acto, para cobrar la recompensa acordada.
Una vuelta, otra y otra más, diecisiete en total, en sentido a las agujas del reloj, pasadizo secreto a la derecha, 6 pasos a la izquierda: pared falsa, trescientos metros en sentido Norte, y avistó a la bestia que dormía.
Desenfundó su arpón de flechas doradas. Se apostó a unos metros del animal, y disparó, dando en el blanco. El violeta animal se desplomó ante sus ojos, resonando en todo el laberinto.
Se sentó a mirar a la criatura, decidido a concluir su labor, desenfundó la daga consagrada para tales fines, y clavó el arma justo dónde la estrella marca el corazón de los dragones. Escarbó, extrajo el órgano y lo metió en la bolsa que esperaba abierta a un costado.
Caminó sobre sus pasos: trescientos metros al Norte, pasó el falso muro, el pasadizo oculto. Retrocedió girando las diecisiete veces, y se encontró de nuevo en la entrada, que ahora era salida. Allí, comenzaba otro muro, que no pertenecía al laberinto anterior. Solo podía avanzar y así lo hizo. Tres pasos al frente, y comenzaron los giros, una vuelta, otra, y otra, y otra. Cincuenta, cien, trescientas vueltas, sin que cambiara el paisaje laberíntico, le pesaba le orgullo y el corazón de dragón. Continuó girando, y giró, hasta sentirse mareado y descompuesto. Cayó al suelo, y en el preciso instante en el que su cuerpo tocó el suelo las paredes alrededor se esfumaron, y quedó tirado en la tierra, aferrado a la bolsa manchada con sangre, con la luz atravesando su sien.
sábado, junio 21, 2008
Ejercicio de Escritura
Balbuceé unas disculpas y salí del trabajo. Apenas pisé la calle, empecé a llorar, me dolía todo, sentía una contractura repentina que me encorvaba.
Sentía culpa, un profundo deseo de recuperar el tiempo perdido: Culpa por no llamarla, y por no bajarme alguna vez antes del subte para tocarle el portero para tomarnos “un cortadito”.
También sabía que tenía que verla muerta y me aterraba. Nunca había visto una persona así, y pensar que estaba preocupándome por eso, además me hacía sentir egoísta.
Cuando llegué a la funeraria, saludé de pasada con los ojos empañados, y me senté a llorar en un sillón, mientras enroscaba bollitos de pañuelos de papel, retrazando el momento de ver. Pensaba que ese era mi castigo, digamos que empecé a sentir que superar esa situación era algo que me merecía por mi mal comportamiento, para remediarme, aunque sea despidiéndola por más que me costara verla en ese estado.
Me acerqué a la sala dónde estaba ella, y la vi, dura y pálida en el cajón. Tenía la boca mal pegada y las manos sobre el pecho enredadas en un rosario. No pude evitar sentir náuseas y una puntada fuerte en la boca del estómago, me arrimé y le toqué la cara helada, en señal de despedida, como para decirle “te vine a ver”, mientras lloraba entre quejidos.
Me quedé ahí estática llorando hasta que la llevamos a Chacarita para que la convirtieran en cenizas, mientras veía como metían el cajón en ese pasillo gris de los crematorios.
jueves, diciembre 27, 2007
Quién sabe

¿Te importa mucho que Dios exista?
¿te importa que una nebulosa te dibuje el destino?
¿que tus oraciones carezcan de interlocutor?
¿que el gran hacedor pueda ser el gran injusto?
¿que los torturadores puedan ser hijos de Dios?
¿que haya que amar a Dios sobre todas las cosas
y no sobre todos los prójimos y prójimas?
¿Has pensado que amar al Dios intangible
suele producir un tangible sufrimiento
y que amar a un palpable cuerpo de muchaha
produce en cambio un placer casi infinito?
¿acaso creer en Dios te borra del humano placer?
¿habrá Dios sentido placer al crear a Eva?
¿habrá Adán sentido placer cuando inventó a Dios?
¿acaso Dios te ayuda cuando tu cuerpo sufre,
o no es ni siquiera una confiable anestesia?
¿te importa mucho que Dios exista? ¿o no?
¿su no existencia sería para tí una catástrofe
más terrible que la muerte pura y dura?
¿te importará si te enteras que Dios existe
pero está inmerso en el centro de la nada?
¿te importará que desde el centro de la nada
se ignore todo y en consecuencia nada cuente?
¿te importaría la presunción
de que si bien tú existes
Dios quién sabe?
Mario Benedetti
sábado, septiembre 22, 2007
Textito.-

Tres insignificantes puntos en el camino. Tres personas que podrían no haber existido, y entonces, nada hubiera cambiado nada.
Uno era grande, temerario, fuerte, y sin embargo dentro, muy profundo, llevaba un chiquito miedoso, que llorisqueaba para que le calienten un vaso de leche con chocolate.
El otro, simple, gris, tan común y silvestre como puedas imaginarlo. Media sonrisa, ojos pardos y sin letra. Mediocre hasta las medias.
El tercero. Imposible determinar si era ‘Él’ o ‘Ella’. Brillos, sonrisa gigante, perlas. Color, y más color. Como un gran vómito de temperas o esmalte de uñas barato.
A los tres les habían indicado que allí, paraba el bus que los llevaba a Las Vegas.
Esperaban hacía rato, respirando el polvo que levantaban los automóviles.
El grandote miraba de reojo al brilloso colorido de sexo indefinido, que se mordisqueaba un bucle. El mediocre, tenía la mirada perdida, y cargaba una valijita negra, sin gracia.
Corrió casi un cuarto de hora, hasta que cada quién se encargó a fuerza de miradas de reojo, de hacerse una imagen de los demás que aguardaban a su lado.
El dueño del único reloj en millas era el colorido ser de sexo indefinido que alcanzaba casi el metro ochenta..
Entre el grandote y el mediocre, previa pulseada de miradas, se decidió que el segundo sería quién averiguaría la hora.
11:29, según indicaba el aparatito violeta que rodeaba la muñeca de su dueño, que dejando ver su chicle fucsia, balbuceó lo consultado.
Polvo, y autos. Del bus, ni su sombra.
El temerario, de espalda inmensa, transpiraba gotas que con el sol, parecían lentejuelas deslizándose lentamente. El mediocre hacía rato que padecía de una atermia crónica, que le facilitaba estas cosas, y el maquillaje del tercero, era a prueba de balas, por tanto, el sol de esa mañana pegajosa, era cosa de chicos en cuanto a él o ella.
Ésta historia podría concluir de distintas maneras, dependiendo que tan lejos llegue la imaginación de cada uno de nosotros.
Por ejemplo podemos ver a cada uno de nuestros personajes abordando el atrasado bus, rumbo a las Vegas, dónde, el temerario conseguiría un nombre respetable a fuerza de quebrar piernas y cobrar deudas. A un par de cuadras del bar en dónde el indefinido interpretaría a la perfección el look de los años cincuenta, acompañado de una pista sobre la cual hacer playback envuelto en vestidos de satén o chifón.
El hombre gris, simplemente se quedaría dormido y despertaría en otro estado, sin la valija., que ciertamente, sería robada, en algún punto del trayecto. Bajaría a hacer una llamada por cobro revertido, de la cual desconocemos más datos, con la misma pálida expresión del comienzo.
El resto, es eso, nada o todo. Cualquier cosa, o una suma de todas las cosas posibles mientras tres insignificantes puntos aguardan al lado del camino.
sábado, agosto 11, 2007
Instrucciones para abrir el paquete de jabón Sunlight
(Trabajo realizado por Manuel Mandeb por encargo de la agencia de publicidad Vivencia.)
1) Busque la flecha indicadora.
2) Presione con el dedo pulgar hasta que el cartón del envase ceda.
3) Disimule. Soy un joven escritor que no tiene otra ocasión que ésta de conectarse con las muchedumbres. Usted finja que sigue abriendo este estúpido paquete y yo le diré algunas verdades.
4) Los vendedores de elixir nos convidan todos los días a olvidar las penas y mantener jubiloso el ánimo. El Pensamiento Oficial del Mundo ha decidido que una persona alegre es preferible a una triste.
5) La medicina aconseja cosmovisiones optimistas por creerlas más saludables. Al parecer, la verdad perjudica la función hepática.
6) Viene gente. Siga la línea de puntos en la dirección indicada por la flecha.
7) Escuche bien porque tenemos poco tiempo: la triste es la única actitud posible que los compradores de este jabón pueden adoptar ante un universo que no se les acomoda. Toda alegría no es más que un olvido momentáneo de la tragedia esencial de la vida. Puede uno reírse del cuento de los supositorios, pero éste es apenas un descanso en el camino. Uno juega, retoza y refiere historias picarescas, solamente para no recordar que ha de morirse. Ese es el sentido original de la palabra diversión: apartar, desviar, llamar la atención hacia una cosa que no es la principal.
8) Conversar acerca de estos asuntos es considerado de la peor educación. Los comerciantes se escandalizan, las personas optimistas huyen despavoridas, los maximalistas declaran que la angustia ante la muerte es un entretenimiento burgués y los escritores comprometidos gritan que la preocupación metafísica es literatura de evasión. Al respecto, mientras le recomiendo que no deje el paquete de jabón al alcance de los niños, le juro que todo lo que se escribe es de evasión, menos la metafísica: las noticias políticas los libros de sociología, los horarios del ferrocarril, los estudios sobre reservas de petróleo, no hacen más que apartarnos del tema central, que es la muerte.
9) Calcular 100 gramos de jabón por cada kilo de ropa sucia.
10) Cuanto más inteligente, profunda y sensible es una persona, más probabilidades tiene de cruzarse con la tristeza. Por eso, las exhortaciones a la alegría suelen proponer la interrupción del pensamiento: "es mejor no pensar...". Casi todos los aparatos y artificios que el hombre ha inventado para producir alegría suspenden toda reflexión: la pirotecnia, la música bailable, las cantinas de La Boca, el metegol, los concursos de la televisión, las kermeses.
11) Separe la ropa blanca de la ropa de color. Y entienda que la tristeza tiene más fuerza que la alegría: un hombre recibe dos noticias, una buena y una mala. Supongamos que ha acertado en la quiniela y que ha muerto su hermana. Si el hombre no es un canalla, prevalecerá la tristeza. El premio no lo consolará de la desgracia. Byron decía que el recuerdo de una dicha pasada es triste, mientras que el recuerdo de un pesar sigue siendo pesaroso.
12) No mezcle este jabón con otros productos y no haga caso de los sofistas risueños. Tarde o temprano alguien le dirá: "Si un problema tiene solución, no vale la pena preocuparse. Y si no la tiene, ¿qué se gana con la preocupación?". Confunde esta gente las arduas cuestiones de la vida con las palabras cruzadas. La soledad, la angustia, el desencanto y la injusticia no son problemas sino tragedias, y no es que uno se preocupe sino que se desespera.
Lloraba Solón la muerte de su hijo.
Un amigo se acerca y le dice:
- ¿Por qué lloras, si sabes que es inútil?
- Por eso - contestó Solón- porque sé que es inútil.
13) No está tan mal ser triste, señora. El que se entristece se humilla, se rebaja, abandona el orgullo. Quien está triste se ensimisma, piensa. La tristeza es hija y madre de la meditación. Participe del concurso "Vacaciones Sunlight" enviando este cupón por correo.
14) Ahora que se fue el jabonero, aprovecho para confesarle que suelo elegir a mis amigos entre la gente triste. Y no vaya a creer el ama de casa Sunlight que nuestras reuniones consisten en charlas lacrimógenas. Nada de eso: concurrimos a bailongos atorrantes, amanecemos en lugares desconocidos, cantamos canciones puercas, nos enamoramos de mujeres desvergonzadas que revolean el escote y hacemos sonar los timbres de las casas para luego darnos a la fuga. Los muchachos tristes nos reímos mucho, le aseguro. Pero eso sí: a veces, mientras corremos entre carcajadas, perseguidos por la víctima de nuestras ingeniosas bromas, necesitamos ver un gesto sombrío y fraternal en el amigo que marcha a nuestro lado. Es el gesto noble que lo salva a uno para siempre. Es el gesto que significa "atención, muchachos, que no me he olvidado de nada".
Nota: Las instrucciones para abrir el paquete de jabón Sunlight fueron rechazadas.
A. Dolina. 'El libro del fantasma'